Esta obra rescata un importante episodio de la historia brasileña, ocurrido en la ciudad de Rio de Janeiro en la década de 60: la operación "mata-mendigos". Por meses, cuerpos de indigentes fueron encontrados en los ríos Guandú y da Guarda.
El estado de los cuerpos - con señales de tortura que mostraban detalles de extrema crueldad - despertó el interés de la prensa, creando una delicada situación política para el entonces Gobernador Carlos Lacerda
Funcionarios del órgano del gobierno creado para tratar la cuestión de los habitantes de la calle - el Servicio de Represión a la Mendicidad - fueron indiciados juntamente con los agentes de la policía. El diario Última Hora, del enemigo declarado de Carlos Lacerda, Samuel Weiner, lideró una campaña para incriminar al Gobernador.
El hecho tuvo graves repercusiones, pero fue "apagado" de la historia del país, y hoy, la mayoría de la población desconoce el episodio, que es apuntado por algunos investigadores como la ante-sala del golpe de estado del 64, donde los mendigos servirían de conejillos de India para técnicas de tortura "importadas", que serían posteriormente usadas en los presos políticos.
Jorge Diaz llevo esta historia al teatro
No vengo del lenguaje.
No soy un escritor.
Sin un grupo detrás no puedo escribir ni una línea.
Soy un arquitecto que ve las palabras en el espacio
Jorge Díaz
Jorge Díaz, destacado miembro de la Generación Literaria de 1950, inició su trayectoria en el teatro nacional hacia finales de la década de 1950, al vincularse al grupo Ictus. En un primer momento, se desempeñó como escenógrafo, para luego hacerlo como dramaturgo, labor que le haría ser reconocido como uno de los más influyentes de la escena teatral nacional de la segunda mitad del siglo XX. En 1957, había estrenado sin éxito uno de sus primeros textos, Manuel Rodríguez. Con más de noventa obras teatrales escritas -entre las que destacan El cepillo de dientes, El velero en la botella, Las cicatrices de la memoria, Topografía de un desnudo y Pablo Neruda viene volando- y alrededor de cuarenta piezas de teatro para niños, a lo que se agrega su trabajo como guionista de radio y televisión, y sus actuales creaciones de narrativa, Jorge Díaz es uno de los dramaturgos más premiados en la historia del teatro chileno. Entre los galardones que ha obtenido se cuentan el Premio Nacional de las Artes de la Comunicación y Audiovisuales, en 1993; el Premio Antonio Buero Vallejo de Guadalajara, en 1992; el Premio de Teatro Centenario de la Caja de Ahorros de Badajoz, en 1989; el segundo premio en el Cuarto Concurso de Dramaturgia Eugenio Dittborn, otorgado por la Escuela de Teatro de la Universidad Católica, por su obra Fragmentos de alguien, en 1987; el Premio Palencia de Teatro (España), en 1980; por mencionar algunos. En sus inicios, las obras de Jorge Díaz se vincularon al teatro del absurdo, orientadas hacia la crítica social y la sátira de la realidad latinoamericana. De este modo, estas piezas teatrales auscultaban la realidad, evidenciando el escepticismo y la desesperanza del autor a través del mundo representado, la lucha de sus protagonistas por vencer la soledad, la mentira y la incomunicación, el lenguaje directo y el uso del humor negro o sarcasmo. Los textos teatrales de Díaz develan la angustia existencial de los seres humanos en medio de la vorágine de la sociedad moderna, en la que todo parece ser un objeto descartable. La crítica especializada ha valorado la producción del autor, tanto por su fidelidad a una estética particular y a los temas abordados en sus montajes, como su permanencia y calidad. Jaime Celedón, compañero en el grupo Ictus, señaló: "En todas sus obras (...) encontramos en el escenario a un ser humano, sobre el que se edifica la trama, y que se enfrenta a ella tan sólo acompañado de su alma, sus sentimientos y su palabra. La devolución de ella en el desarrollo teatral de cada una de las obras, llega al espectador como un eco lacerante de necesidad, posibilidad y frustración. Es el grito del hombre a la ancha curvatura de un paisaje hosco, aislado, falsamente poblado, y sordo a las inquietudes de la nueva generación humana". En 1994, luego de vivir largo tiempo en España, volvió a Chile para radicarse definitivamente, donde continúa escribiendo y dedicando parte de su tiempo a la pintura. Jorge Díaz falleció el 13 de marzo de 2007.
niñas le recuerdo que mañana deben llevar propuestas, "topografia"es mi opcion, la acabo de leer y el texto es increíble.
1 comentario:
Soy la Kim (me quede con ese nombre...) profe... se me fue darle mi mail... para que me mande el libreto...
loveless.hyo@gmail.com
mmm~...
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